Sobre Libros y Artes Visuales.

por el 09/01/12 at 4:23 pm

La Academia de la Lengua dominicana convocó a una conferencia sobre la “Relación entre el lenguaje escrito y el arte visual”, y acompañaba la convocatoria con una pregunta a modo de reto “¿Necesita el arte visual de la palabra escrita? Y la respuesta se encuentra en la inmensa cantidad de palabras escritas en libros sobre el arte, los artistas, y sobre las obras de arte en sí. El arte visual no sólo ha podido prescindir de la palabra, sino que ha creado una frase hecha “una imagen vale más que mil palabras”. Pero también están las imágenes desbordadas y hermosas que han generado Don Quijote en Gustave Doré, o el averno del Dante pintado por Botticelli o por Miquel Barceló.

Aquí, los 40 años de “Cien años de soledad” de García Márquez fueron objeto de un especial de Documentos de Diario Libre, en el cual un grupo de intelectuales y artistas reflexionaban y pintaban sus experiencias sobre la primera vez que leyeron “Cien años de soledad”. El Documento de Diario Libre ya es pieza de colección, pues los textos que lograron los escritores eran en sí muestras muy parecidas de lo que sucedió con esa novela a nivel mundial. Casi todos la recuerdan como algo mágico, un contacto con un mundo personal pero universal. En la novela recordamos la vida rural que todo citadino lleva dentro. Recordamos los mitos sobre los que estamos hechos.

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Ilustración de Doré para El Quijote

Pero algo igual de significativo sucedió con las ilustraciones que acompañan el Documento. Ninguna de las ilustraciones fue hecha pensando en el texto que acompañaba, sino en la experiencia que los pintores tuvieron con “Cien años de soledad”. El resultado fue que todo encajaba, se podía poner cualquier ilustración a cualquier texto y viceversa. Todo era esa atmosfera macondiana. Todo era García Márquez. Todo era “Cien años de soledad”

Trabajo de Botticelli para La Divina Comedia

Cestero y su serie sobre El Quijote

En Dominicana tenemos el caso peculiarísimo de José Cestero, que acompaña a sus creaciones plásticas con algún texto, ya sea el título de la obra, o alguna información básica sobre lo que se muestra a la vista. Además Cestero ha plasmado los interiores inaccesible de Don Quijote, y lo hemos visto en el Documento de Diario Libre hablando plácidamente con García Márquez. Parece que hasta en eso Cestero es particular y genial.

Tratando de definir lo que es un libro-objeto o un libro de arte alguien dijo “Un libro de artista es un objeto artístico que tiene forma de libro”. Y tiene mucha razón, pues los libros sobre artistas tienen una gran porción de ilustraciones sobre la obra del artista reseñado, y ya de por sí eso es un conjunto de objetos artísticos.

El ejemplo del “Documento de Diario Libre” nos enseña que las imágenes y los textos se pueden superponer, predominando en algunos casos unas sobre otras, pero cuando hay calidad siempre se conjugan y crean nuevos seres llenos de vida.

La literatura ilustrada, los textos alterados por obras de artistas han existido desde siempre. Los incunables son obras artísticas por muchas razones, pero hay dos básicas: el texto y la manipulación de las imágenes. Las láminas, la tipografía, el papel, el tamaño del volumen, el cuero empleado en las tapas. Todo en sí era lo que hoy llamamos libros-objetos. A veces se trata de ejemplares únicos, pero otras se produjeron en pequeñas ediciones. A veces son objetos intermedios entre la pintura y/o el grabado, Cocó Gountier y Guillermo Piña hicieron uno magnífico, y otras veces incluyen la escultura. La peculiaridad la aporta las intervenciones sobre tales libros, o sobre libros ya editados los que se conocen como libros alterados. Pastor de Moya ha hecho maravillas con estas expresiones artísticas, tiene un libro en el que en cada uno sale la foto del lector, un acto de magia de los que nos tiene acostumbrado Pastor de Moya.

¿Cómo hay que ver un libro de artista? Son libros para contemplar, y que se pueden leer, pero básicamente son un conjunto en el que cada parte, cada cosa incorporada importa.

El coleccionista de arte y el bibliófilo son bichos de una misma especie. De hecho en la mayoría de los casos el bibliófilo colecciona arte visual y el coleccionista de arte siempre anda buscando ese libro raro, antiguo o del que sólo se hizo una edición de 10 ejemplares. Es un mundo intenso.

 

 

 

 

 

 

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