Vanguardia escultórica en el Museo Bellapart

por el 20/07/13 at 7:06 pm

VANGUARDIA ESCULTÓRICA. En el museo Bellapart.

Portada del catálogo "Vanguardia escultórica"

Portada del catálogo “Vanguardia escultórica”

Palabras de salutación

Por Juan José Bellapart. Presidente Museo Bellapart

Mis primeros años de vida transcurrieron en Barcelona, una ciudad donde la escultura acompaña a la arquitectura y complementa fachadas, paseos y parques, con sus formas silenciosas realizadas en piedra o mármol. Crecí admirando esas figuras que habitaban en espacios abiertos que, junto a las religiosas que albergaban los templos católicos, me adentraron en el mundo de la escultura desde muy tierna edad.

Manolo Pascual.

Manolo Pascual.

A mi llegada a Santo Domingo tuve conocimiento de otros españoles residentes en la ciudad y conocí directamente a muchos de ellos. Me enteré de que el director de la Escuela Nacional de Bellas Artes era un escultor bilbaíno llamado Manolo Pascual, quien había introducido novedades en la práctica de la escultura en la academia y a quien vi en varias ocasiones caminando en la calle El Conde. Años más tarde el amigo pintor Dionisio Pichardo me recomendó la adquisición de varias esculturas de Pascual y, así lo hice.

Gracias a mi trabajo en una tienda de la Avenida Mella conocí al español José Martínez Conde, quien acudía con su hijo Luis a comprar ropas. En nuestras conversaciones en la tienda supe que Luis tenía inquietudes artísticas y deseaba dedicarse a la escultura. Más tarde me enteré que ese joven había obtenido una beca de estudios en Buenos Aires y posteriormente se había radicado en París, donde se convirtió en el gran escultor Luichy Martínez Richiez, de quien luego empecé a adquirir obras y con quien mantuve siempre una relación muy amistosa. A Antonio Prats-Ventós me unieron lazos entrañables de origen y destino. Nacimos en la misma ciudad, que disfrutamos y amamos. Ambos nos aventuramos a la travesía Atlántica y anclamos en la República Dominicana, tierra que nos acogió con amor y donde hicimos familia. Le conocí cuando ya era un escultor reconocido, a través de un amigo común, el arquitecto Benjamín Paiewonsky. Aprecié su trabajo y me preocupé de adquirir alguna pieza cada vez que Prats-Ventós presentaba una nueva colección.

Luichy Martínez-Richiez. Eròtica orgánica, 1993

Luichy Martínez-Richiez. Eròtica orgánica, 1993

El pintor Daniel Henríquez me presentó a Gaspar Mario Cruz, escultor callado y dedicado a la talla con actitud reverencial, de quien me impresionó tanto su humildad como su capacidad para dar forma a la caoba, para producir unas figuras que muchas veces traían a mi memoria las esculturas románicas de la Cataluña de mi infancia. Con Daniel Henríquez adquiríamos los palos que luego las diestras manos de Gaspar Mario Cruz transformaban en seres de su universo escultórico. Así, poco a poco, varias obras de Cruz ingresaron a mi colección.

Durante varias décadas escultura y pintura han compartido espacios en el Museo Bellapart. Varias piezas importantes figuran en nuestra exposición permanente y otras se han incluido en muestras colectivas temporales e itinerantes. Sin embargo, hasta hoy no habíamos propuesto una exposición donde la escultura se constituyera en única protagonista.

Prats-Ventós

Prats-Ventós

Vanguardia escultórica en la colección Bellapart quiere ser esa ventana abierta a la obra de Manolo Pascual, Luichy Martínez Richiez, Antonio Prats Ventós y Gaspar Mario Cruz, artistas fundamentales de la escultura moderna internacional y dominicana. Se trata de un conjunto de obras de varias décadas de producción, con diversidad de medios, dimensiones y temas. Abrimos este espacio para que todos disfruten este diálogo con la escultura, la materia y sus autores, maestros consagrados de la escultura en la República Dominicana. Estamos seguros que la exhibición de esta muestra, seleccionada de los fondos propios del Museo Bellapart, a la vez que un testimonio de gratitud y admiración a los artistas que protagonizaron la inserción iniciática de la escultura dominicana en los lenguajes del arte moderno, servirá para que el público aficionado al quehacer artístico valorice más los aportes de estos pioneros.

Gaspar Mario-Cruz. Los amantes, bronce.

Gaspar Mario-Cruz. Los amantes, bronce.

LA EXPOSICIÓN

Por Myrna Guerrero Villalona. Directora Museo Bellapart.

A lo largo de sus catorce años de vida el Museo Bellapart se ha caracterizado por la organización de proyectos expositivos que contribuyan a la revalorización del arte dominicano, con propuestas individuales y colectivas que han permitido redescubrir a artistas fundamentales y originar presupuestos para el análisis y comprensión de la historia del arte nacional. En esta oportunidad la escultura se convierte en protagonista de esta historia, a través de una selección de obras de cuatro artistas fundamentales del siglo XX, Manolo Pascual, Luichy Martínez Richiez, Antonio Prats Ventós y Gaspar Mario Cruz.

Prats-Ventós. Las Lunas

Prats-Ventós. Las Lunas

A pesar de que la escultura ha sido por siglos una de las expresiones artísticas más ligadas a la creatividad popular, su desarrollo artístico-académico ha tenido menos seguidores que otras expresiones como la pintura y la fotografía. Desde tiempos inmemoriales los habitantes de la isla han trabajado formas escultóricas tallando piedras y maderas o moldeando el barro, ejercicio que continuó durante el periodo colonial para satisfacer la demanda de objetos cotidianos o de índole religiosa.

Al final del siglo XIX encontramos la figura de Abelardo Rodríguez Urdaneta, pionero de la escultura dominicana, quien aporta las primeras piezas escultóricas de envergadura para la estatuaria nacional y será luego, a partir de 1942, con la creación de la Escuela Nacional de Bellas Artes (ENBA), cuando se inicie el proceso de enseñanza académica de los procedimientos escultóricos, con las orientaciones de Manolo PASCUAL. En relación directa con el maestro Pascual y la ENBA surgen entonces los primeros maestros de esta disciplina artística en la República Dominicana: Luichy MARTÍNEZ RICHIEZ, Antonio PRATS VENTÓS y Gaspar Mario CRUZ.

Gaspar Mario-Cruz

Gaspar Mario-Cruz

A 70 años de esta andadura escultórica se hace pertinente una mirada reflexiva a la escultura dominicana y promover un encuentro entre la obra de estos cuatro pilares de escultura moderna en la República Dominicana. Surge así Vanguardia escultórica en la Colección Bellapart. Manolo Pascual, Luichy Martínez Richiez, Antonio Prats Ventós y Gaspar Mario Cruz, propuesta expositiva que reúne 60 trabajos representativos seleccionados de los vastos fondos escultóricos de estos artistas que posee el Museo Bellapart. Esta producción museográfica plantea una visión de conjunto de la obra de Manolo Pascual, Luichy Martínez Richiez, Antonio Prats Ventós y Gaspar Mario Cruz, los cuatro muy ligados a la Escuela Nacional de Bellas Artes, desde sus inicios.

Así se abre la oportunidad de un reencuentro con la obra de estos maestros, sus inicios y evolución, sus búsquedas y realizaciones, las especificidades de sus lenguajes particulares, su transcendencia en el espacio y en el tiempo. Obras de diversas técnicas, formatos y dimensiones ofrecen una aproximación a la ruptura estilística que avanzó el quehacer de estos artistas, la experimentación con diversidad de medios y las traducciones personales de los conceptos Caribe, Antillas y dominicanidad.

Gaspar Mario-Cruz. Los amantes, madera

Gaspar Mario-Cruz. Los amantes, madera

En Manolo Pascual se manifiesta la búsqueda permanente de expresión a través de los materiales. El escultor nacido en Bilbao a principios del siglo XX llegó a Santo Domingo como exiliado republicano español en el 1940 e inauguró en ese mismo año la que sería la primera exposición de esculturas modernas presentada en el país. El artista traía como equipaje una vivencia artística alimentada en las principales capitales de Europa con reconocimientos y prestigio. La capital dominicana apreció muy pronto su talento y el doctor Rafael Díaz Niese, recién nombrado como Director General de Bellas Artes, lo seleccionó para dirigir la nueva Escuela Nacional de Bellas Artes, academia en la que impuso una impronta perdurable como profesor y como director. A través de sus ojos y manos, figura humana y animal se transforman en instrumentos para nuevas experiencias. Ninguna técnica escultórica le es ajena. Desde el barro inicial al bronce, el estaño, el hierro fundido o la mezcla de materiales piedra, metal y madera, acaso reflejo de la mixtura étnica de la tierra de acogida donde durante una década desentrañó sus obsesiones por el dibujo, la materia y el volumen. El conjunto seleccionado para esta exposición ofrece un acercamiento al recorrido escultórico de Manolo Pascual en su etapa americana y sus innovaciones al tratar dos temas fundamentales en su discurso: la figura humana y los animales. De su etapa dominicana se presentan dos retratos en bronce a la cera perdida, la insigne educadora Salomé Ureña de Henríquez, 1945, el Doctor Bonnelly, 1945 y un Maraquero, ci. 1940-50, en estaño, piezas con las que Pascual marca su impronta en el devenir de la escultura moderna dominicana. Luego tres obras de gran experimentación. Un equilibrista que desafía el volumen, un rostro y una cabeza de rinoceronte correspondientes a sus guiños surrealistas. Junto a las anteriores se presentan cuatro obras de plenitud. La creación se convierte entonces en un acto lúdico. El artista mezcla madera y metales desechados y los recupera en formas animales que refieren al mar, al aire y a la tierra. Así el Pez, ci. 1965, el Pelícano, 1965, y el Galgo, 1966, traducen su etapa estadounidense como profesor en la Nueva Escuela de Investigación Social de la ciudad de Nueva York, donde permaneció hasta 1981.

Luichy Martínez-Richiez

Luichy Martínez-Richiez

Luichy Martínez Richiez, es el virtuoso de la escultura orgánica, de las formas voluptuosas y de las referencias eróticas. Primer escultor egresado de la Escuela Nacional de Bellas Artes, allí fue discípulo cercano de Manolo Pascual. Fue el único de la primera generación de egresados de la Escuela Nacional de Bellas Artes que decidió hacer carrera en el ámbito escultórico. Ya desde estudiante llamó la atención por sus trabajos tridimensionales y, recién graduado, se incorporó como vaciador en la academia, lo que le permitió continuar cercano al maestro Manolo Pascual. Muy pronto alzó el vuelo hacia otras latitudes donde entró en contacto con las corrientes escultóricas de mediados de siglo XX. París lo acogió y allí tuvo espacio para desarrollarse, incursionar en la escultura monumental, experimentar la talla directa con piedras y maderas y crear obras que le proporcionaron múltiples reconocimientos, entre ellos el primer premio de escultura en la Primera Bienal de París en 1961. En una primera etapa su obra tradujo sus orígenes antillanos con referencias a la estatuaria taína. Luego, la observación y manejo del volumen junto a su geometrización se convirtieron en el sello distintivo de una producción de Formas abstractas, 1970-80, de gran verticalidad, con la que el artista superó los desafíos del equilibrio de las formas. De este periodo se presentan tres trabajos representativos del tratamiento abstracto en la obra de este escultor, piezas de gran formato talladas en madera, en registros compactos, sin aberturas y pintadas en negro, acaso como manera de acercamiento en ciernes a una africanía identitaria. A mediados de la década de los setenta Martínez Richiez inició una etapa de investigación de las formas orgánicas, con referencias vegetales y sexuales que dieron origen a una serie de obras voluptuosas y de marcado erotismo. La selección presente en esta exposición constituye un canto al trópico, a la Antillas y a nuestra isla, con sus volúmenes multiformes y orgiásticos que se multiplican, retuercen, crecen y desbordan con un apego cuasi religioso a la madera, especialmente a la caoba originaria y centenaria, aunados en perfecto equilibrio y ritmo. Varias piezas de la serie Erótico fantástica, 1980, se incluyen en esta exposición. Para entonces Martínez Richiez volvió a establecerse en Santo Domingo y encontró su plenitud en este reencuentro con el Caribe que dio paso a una creatividad ilimitada para un universo poblado de formas que rinden homenaje a la materia y al hálito vital de la creación. El escultor produjo entonces su serie Erótico orgánica, 1980-2000, de la que se muestran piezas paradigmáticas.

Prats-Ventós

Prats-Ventós

La observación permanente y acuciosa a la naturaleza proporcionó a Antonio Prats Ventós inspiración para un universo escultórico puro, sinuoso y contundente. Oriundo de Barcelona, junto a su familia llegó a la República Dominicana en 1940 como refugiado español, aquí descubrió el arte de esculpir y echó raíces. La tierra agreste del sur, el bosque seco y la sociedad mulata ofrecieron las fuentes en las que bebió este artista quien en 1946 obtuvo un segundo premio de escultura en la III Bienal de Artes Plásticas y en 1951 se integró al cuerpo docente de la Escuela Nacional de Bellas Artes. Prats Ventós trabajó todos los materiales, desde la madera noble hasta el metal industrializado. Piedras, maderas y metales le desvelaron sus misterios y el escultor los transformó en obras de arte. Con ellos incursionó en múltiples posibilidades de la expresión escultórica logrando similar calidad en piezas de bulto o relieves. En el conjunto seleccionado se aprecia la evolución de un quehacer plástico que durante los primeros años de la década del cincuenta se dedicó a la realización de murales ornamentales para instituciones públicas y viviendas de familias prominentes de la época, relieves realizados en cemento, de estilo Art Deco, con reminiscencias mitológicas. De esta etapa el Museo cuenta con un relieve que conjuga un águila y una mujer que levita, Alegoría, ci. 1950. En paralelo a esos trabajos para construcciones arquitectónicas Prats Ventós traza un discurso desde la esencia misma de su encuentro con el Caribe. La tropicalidad se expresa tanto desde la forma pura, majestuosa en su esencialidad, colección Formas, 1970-80, como en las composiciones pródigas en referentes a la rica flora nativa. Obras de la colección La Selva, 1975-80, traducen esa seducción tropical sin olvidar las referencias a su origen ibérico que aparecen plasmadas en las obras de las colecciones Damas, 1978 e Infantas, 1980-90, que exhibimos. EL material sugiere la forma y Prats Ventós la trabaja con cercanía y respeto. La figuración compartió espacios con la abstracción a todo lo largo de su producción y las colecciones temáticas se suceden e interrelacionan. Se presentan obras emblemáticas de varias colecciones que nos permiten establecer cómo el ejercicio de este escultor se traduce en la diversidad. Diversidad de géneros, de aproximaciones, de prácticas y contenidos. Su constante es la visualización de esas formas que se apropian del espacio con una fuerza interior que cautiva e invita un contacto directo. Prats Ventós representa el artista confluyente, cuya producción logró unificar los elementos reminiscentes de su memoria catalana con la esencia de los rasgos fundamentales de la tierra caribeña que le proporcionó la oportunidad de convertirse en escultor de primer orden.

Gaspar Mario-Cruz. Músicos con flautas y atabales.

G. Mario Cruz. Músicos con flautas y atabales.

Tradiciones y herencias ancestrales toman forma bajo la certera y amorosa mano de Gaspar Mario Cruz para quien madera y talla proporcionaron el carácter a su creación. El maestro nacido en San Francisco de Macorís desarrolló una intuición especial hacia la escultura desde muy joven y, de manera autodidacta, empezó a dar forma a pedazos de madera. Los santos de palo de los altares domésticos, tallas rústicas coloreadas y de carácter religioso, constituyeron sus primeros modelos. Dotado de una religiosidad innata Gaspar Mario Cruz creó una imaginería propia, de gran misticismo, universo donde Cristos, vírgenes y santos católicos se entremezclan con los dioses y reyes taínos y africanos, junto a las parejas de amantes y las mulatas criollas. El artista encontró en la figuración su lenguaje por excelencia y en la talla directa a la madera el medio para su expresión. La caoba criolla fue su materia preferida y con ella estableció un diálogo silencioso y cautivante a través del cual se elabora y fortalece su discurso escultórico llevado sin saltos desde los inicios hasta el final de su vida. De este discurso permanente surge ese estilo cruciano, particular, en talla y formas, que lo identifican. El conjunto seleccionado brinda una perspectiva plural y representativa de la escultura de Gaspar Mario Cruz que incluye obra temprana antes de su ingreso a la Escuela Nacional de bellas Artes, varias obras de su etapa académica, hasta obras de madurez y monumentalidad, como el Calitomé, 2005 y la Montaña humana, ci. 2000-2005, verdaderas obras maestras del artista. De cada etapa se han seleccionado obras emblemáticas en la diversidad de temas trabajados por Cruz. La colección que se muestra permite una aproximación a la manera de trabajar de este maestro de la talla, su sentido volumétrico y el equilibrio de las formas, el carácter totémico de su obra y la espiritualidad que despiden sus figuras ya se encuentren aisladas, en parejas de amantes o en grupos de tradiciones y ritos ancestrales. En la exposición se exhiben dos tallas que, a su innegable valor plástico, añaden gran significación histórica. Una de ellas correspondiente a su etapa autodidacta y que de acuerdo al testimonio del propio artista, constituyó su pasaporte de entrada en la Escuela Nacional de Bellas Artes en el 1948. Amantes, ci. 1948, es una obra intuitiva, espontánea, de volúmenes apenas robados al madero, otrora pintada en varios colores. La otra pieza singular y magistral es el Baquiní, 2006, conjunto escultórico monumental, acaso premonitorio y simbólico, que fuera el último trabajo realizado del maestro. Los dolientes, el muertico, músicos, animales, flores y frutos conforman un cortejo de extraordinaria riqueza plástica y plenitud creativa. Junto a las anteriores presentamos otra pieza de excepción en la producción de Cruz, dedicado fundamentalmente a la madera. Se trata de una pareja en bronce de exquisita verticalidad y unión de formas, arquetipo de la expresión en la sencillez. El trópico en su exuberancia de ritmo, multiplicidad, contrastes y energía vital, como simbiosis ancestral de una trilogía intercontinental aparece aquí materializado en estas 60 piezas seleccionadas de los fondos del Museo Bellapart. Hierro, bronce y materiales industriales trasformados por estos artífices en piezas escultóricas dialogarán con tallas en diversas maderas, para conformar un enriquecedor panorama de la expresión artística de la forma, el volumen, el relieve, en fin, de la obra en tercera dimensión dentro de los criterios de la modernidad.

Prats-Ventós. Madera policromada.

Prats-Ventós. Madera policromada.

El texto del historiador de arte Danilo de los Santos, que se publica en el catálogo, aporta las necesarias referencias para el estudio de la escultura dominicana desarrollada durante los últimos dos siglos.

El Museo Bellapart ha hurgado entre sus fondos para seleccionar obras emblemáticas de estos cuatro escultores, tres de ellos unidos al señor Juan José Bellapart a través de una relación entrañable. Vanguardia escultórica es una exposición de apertura. Propone pautas para que visitantes, artistas, investigadores y estudiantes puedan identificar con claridad los cimientos y características propias de la escultura dominicana, así como establecer los vínculos de estos cuatro maestros de la modernidad con la escultura de la contemporaneidad en la República Dominicana.

 

Una respuestas to “Vanguardia escultórica en el Museo Bellapart”

  1. Luis Roberto

    Jul 21st, 2013

    Muy bien, pero la vaina es que a ese museo es dificilisimo entrar, si no te mata un carro porque no hay acera y la calle es la entrada, es que parece que ahí guardan el tesoro nacional. es dificil entrar.

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