Amaya Salazar: Fiat Lux

por el 20/01/12 at 7:48 pm

LOS MUNDOS PERSONALES DE AMAYA.

Tomado del libro AMAYA FIAT LUX

por Fernando Casanova y Llaca.

Las relaciones internas de los personajes que habitan la obra de Amaya, ese mundo tan personal, íntimo, cargado de belleza y que provoca preguntas como ¿de qué hablarán esas personas en ese cuadro?, son relaciones que denotan una vida personal rica, llena de espiritualidad y casi solitaria. Es una recreación de un mundo supuesto en el que la belleza es la base de la vida, de una arcadia soñada y deseada. Es la obra de Amaya una creación que sugiere, invita  de forma amable y tranquila a perderse en reflexiones íntimas.

Escultura y pintura de Amaya

A pesar de ser Amaya una artista perteneciente a un grupo social, artístico y geográfico determinado, se puede apreciar que existe una originalidad en sus trabajos que no tiene equivalente entre los creadores anteriores y los de su propia generación; tal vez por ese mundo propio que hemos señalado, que al ser tan personal, tan íntimo, no puede ser asociado a otras personalidades o vidas particulares. Es un tipo de arte, como el de Renoir, que excluye las denuncias sociales; pero esa exclusión no se puede entender como algo deliberado por intereses políticos o de grupo social, sino porque la artista tiene un mundo propio, un deseo de unas mejores relaciones entre las personas a partir de  sus individualidades personales. Es esa intimidad cotidiana la que nos presenta claramente Amaya en una de sus obras “En un jardín encantado”, en la que aparece un grupo de amigos, todos en un ámbito privado que sentimos como algo bueno y deseable.

Es en esa pintura, y sobre todo en los formatos más grandes, donde se puede ver el dominio de Amaya en la composición de figuras en grupos; todos se relacionan de forma casi perfecta, son gentes en una actividad real, que se reconocen unos a otros y que ocupan sus espacios y sus distancias casi de forma perfecta, con una dinámica interna de sus personajes totalmente convincente. Es la búsqueda personal a través de un lenguaje visual trascendente, una invitación a explorar un camino que se recorre a través de la habilidad, sensibilidad y el talento de una gran artista. Y todo en ese conjunto es armonía, armonía entendida como la correspondencia de elementos contradictorios y similares de tono, color y línea, condicionada por la tonalidad dominante e influenciada por una luz en concreto, resuelta en combinaciones claras, alegres, serenas o tristes, pero todos moviéndose en sus propias órbitas predestinadas por la artista.

El conjunto de colores de Amaya es un eje principal de rojo y verde, y a veces recurre al color discordante, unos amarillos sulfurosos y oscurecidos y unos naranjas incendiados jaspeados de verdes emblanquecidos, y de azules y violetas.

Libro sobre Amaya Salazar

La obra de Amaya Salazar se puede definir como un corpus artístico prodigioso, pues sus trabajos en dibujo, escultura y de pintura tienen una sólida unidad en composición, materiales y búsqueda de la belleza. Es una incursión en concebir  y plasmar los aspectos emocionales del color desde una mirada racional afectada por la sensibilidad artística de una mujer, que ve lo racional de los sentimientos no expresados en palabras, pero sí en gestos, en posturas y sobre todo en colores. Al igual que en Van Gogh, el color para Amaya es un producto profundamente emotivo y una fuente de energía interior de fuerza extraordinaria. La formidable presentación de los sentimientos reservados a la vida privada que hace Amaya, transmiten la calidez y riqueza de la vida interior que de seguro posee la artista.

Gran parte de la obra pictórica de Amaya crea una simbiosis, un mimetismo entre los personajes representados, el paisaje, y el conjunto de la composición. Si vemos una obra como “En el Jardín”, del año 2009,                     se podrá ver que las figuras se confunden con el resto de la composición. Dalí utilizó con frecuencia ese recurso. En la obra “Playa encantada con tres gracias fluidas”  de Dalí el mimetismo es la base de la idea central, se mimetiza todo y con ello se crean nuevas posibilidades de interpretación. Amaya da al espectador esa posibilidad, la de también poder crear, ya sea apoyándose en los rostros indefinidos o con el mimetismo en la composición, con una simbiosis que hace que los simbiontes saquen provecho de la vida en común con sus espectadores-creadores, en una forma de adopción de comportamientos y opiniones ajenos como propios.

La artista ha dicho que sus trabajos son el reflejo de observaciones que va captando, que luego desarrolla y combina en un proceso de pura abstracción mental, hasta que logra un resultado coherente y armonioso que lo materializa en forma de dibujo. Trata de eliminar los detalles y objetos superfluos, porque está más interesada en comunicar los sentimientos a través de los colores y las formas. La obra de arte alcanza a ser una síntesis. Realza lo verdaderamente importante en cada una de sus obras, desmaterializa las figuras, las hace inmanentes en un espacio creado por ella, ubicándolas en un contorno de sugerencias plásticas. Nos habla de la necesidad de aprender a ver, de que saber ver es el comienzo, su punto de partida.

Amaua. En la colección de Inés Aizpún

A veces al observar una de sus pinturas parece que estamos en un sueño en equilibrio, de pureza y serenidad, desprovisto de temas inquietantes o perturbadores, y esa imagen se convierte en una influencia reconfortante, un bálsamo mental. Las caras sin rostros se convierten en caras conocidas o  queridas, quizás de amores idos y aún deseados.

Varias obras de Amaya Salazar

El Dr. Alejandro Vicini, con bastante agudeza, encuentra en los no-rostros que presenta la artista en sus obras que “Amaya posee una aguda percepción que la lleva, con pocos medios, a sintetizar en sus rostros la ternura, la congoja, la paz, la melancolía o la angustia. Para ello recrea su visión interna estilizándola y deformándola a su antojo con lápices y pinceles.” Es que el hecho de no dibujar los rostros, deliberadamente, no implica que esos rostros no transmitan estados de ánimos, todo lo contrario: están abiertos a todos los estados de ánimo con un simple tono, con una simple pincelada con textura. La contemplación de las pinturas de Amaya ofrecen una alegría, un orden y una belleza. Debe ser maravilloso ver las cosas y la vida como las ven los ojos de Amaya Salazar…

Una respuestas to “Amaya Salazar: Fiat Lux”

  1. Vivian

    Abr 2nd, 2012

    This is cool!

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