Paul Giudicelli, una fuerza de la naturaleza.

por el 03/03/17 at 4:21 pm

PAUL GIUDICELLI. UNA FUERZA DE LA NATURALEZA

Por Fernando Casanova y Llaca

 

Paul Giudicelli

Paul Giudicelli

“Antes de comenzar a hablar de mi pintura, quiero significar que lo más importante para un artista es liberar su personalidad.”

Paul Giudicelli

 

Hacer una primera exposición a los 32 años conlleva una personalidad bien definida. Paul Giudicelli a esa edad apenas había entrado al mundo del arte, en 1948, pues sus intereses y los de sus padres lo habían llevado por otros rumbos. Presentó su primera muestra individual en la Galería Nacional de Bellas Artes, un centro que en esos tiempos era tierra sagrada, en la que exhibió unas setenta obras: óleos, acuarelas, guaches, dibujos y algunos ensayos para murales, y desde ese momento impactó la historia del arte en República Dominicana.

Pero Giudicelli abrió con esa exposición no sólo su bautismo de pintor de gran envergadura, sino que abrió la entrada al modernismo en la República Dominicana, un país que siempre se ha mantenido cauto para asumir tendencias en la pintura, un país que siempre estuvo más cercano al academicismo y al expresionismo, ya sea por sus propias vivencias como nación, o porque encontró en esos movimientos y formas de expresiones su cauce natural.

Pieza fundamental para Giudicelli fue Joseph Gausachs, quien le ayudó a conocer las tendencias europeas y técnicamente a expresar sus ideas, vivencias y sensibilidad. Gausachs, desde la Escuela de Bellas Artes, transmitió al Santo Domingo aletargado lo que Picasso, Isidre Nonell y las vanguardias europeas del Art Decó estaban haciendo en Europa. Pero Giudicelli era por sí mismo una fuerza de la naturaleza, y el Modernismo encontró en él de forma natural al primer personaje capaz de romper con moldes y estereotipos sin ser parte de una capilla o secta como acostumbran actuar los movimientos artísticos. Giudicelli era modernista antes de conocer el modernismo. Giudicelli

El modernismo, que fue un movimiento que liberaba el tratamiento de las formas, en contraposición a la anterior rigidez academicista. El Modernismo significaba libertad, la posibilidad de desarrollar cualquier forma, color o idea, y la pintura no fue una excepción a esa visión del arte. La libertad de expresión que, para mi, fue liderada por Giudicelli, se convirtió en el tema central de los artistas dominicanos que a finales de los años 50 y comienzo de los 60 tenían incidencia en el quehacer artístico.

Pero Giudicelli fue un hombre de debates academicistas, de arrojado defensor de sus posiciones; la controversia entre Paul Giudicelli y Jaime Colson sobre el abstraccionismo todavía perdura, por la riqueza de argumentos exhibidos por ambos artistas.

Pero, ¿cuándo se inicia el modernismo en Europa? La medición de cambios culturales profundos, de variaciones trascendentales en la conciencia humana, no respeta nuestro sistemas de mediciones cronológicos arbitrarios. Hablamos sin vacilar, por ejemplo de Charles Dickens como un novelista del siglo XIX, a James Joyce lo ubicamos con plena seguridad en el siglo XX. Sin embargo, en las artes sería absurdo marcar el 31 de diciembre  de 1899 como el momento en que terminó el siglo XIX y empezó el XX. De todos modos, siempre hay pistas que pueden ayudar, como por ejemplo la que dio en una conferencia la novelista inglesa Virginia Woolf en la universidad de Cambridge en 1924 cuando sugirió una fecha para este momento crucial:

“…aproximadamente en diciembre de 1910 el carácter humano cambió. No digo que uno saliera al jardín y viera que había florecido una rosa o que una gallina había puesto un huevo. El cambio no fue tan repentino y preciso. Pero, sin embargo, hubo un cambio y, puesto que no hay más remedio que ser arbitrario, fechémoslo en el año 1910…” la foto_2

Por mucho que Virginia Woolf envuelva su aserto con argumentos, es sorprendentemente precisa en su elección de una fecha. Es lo bastante audaz para especificar un mes y un año: diciembre de 1910. Fue entonces cuando los pintores postimpresionistas se ganaron su nombre en una famosa exposición celebrada en Londres y organizada por un pintor y critico llamado Roger Fry: “Manet y los postimpresionistas” se inauguró en Londres en noviembre de 1910. Se clausuró en enero de 1911. A partir de entonces, artistas de todas las ramas, críticos y los medios de comunicación vieron que el “todo es válido” era una realidad.

Los dos sucesos –la exposición de Fry y la elección de Woolf de diciembre de 1910 como una fecha axial-están relacionados. Woolf y Fry eran amigos y participaban de un mismo movimiento cultural. Eran figuras centrales en un conjunto de intelectuales británicos liberales, sumamente refinados y de buena posición, conocidos como el Grupo de Bloomsbury. La elección de diciembre de 1910 ofrecida en la conferencia que dio en  1924 se erige así en un tributo velado a una exposición de pintores que se habían dado cuenta que algo había cambiado, y que con ese cambio también cambiaban ellos y la pintura.

Por lo expuestos, podemos decir, al igual que diccionarios y manuales, que el concepto de arte moderno “no es cronológico, sino estético; de estilo, de sensibilidad o incluso de actitud.” Y que huye de la simetría. Pintores que se desarrollaron a partir del 1910 no son necesariamente modernistas, sin embargo un pintor como Van Gogh, muerto en 1890, definitivamente lo es.

La obra de Giudicelli no sólo es modernista, sino también es actual, porque una obra de arte, de cualquier tipo, puede ser literatura, pintura, música o escultura, siempre será nueva. Somos nosotros quienes vamos cambiando, y ellas nos hacen ver y sentir quienes somos cada vez que las contemplamos, leemos o escuchamos. Son ellas las que nos ven jóvenes o viejos. Thimo Pimentel, en su importantísima página Web, nos recuerda  que “En la bienal de 1963 Paúl Giudicelli obtuvo el Primer Premio de Pintura con su cuadro —Meditación sobre la Armadura de un Soldado- Fue un pionero no sólo del modernismo, el cual introdujo en la pintura dominicana de lleno, sino del trabajo de cerámica y mosaico dentro de la actividad plástica dominicana”

Paul Giudicelli, sin título. Col. Casanova-Aizpún

Paul Giudicelli, sin título. Col. Casanova-Aizpún

Paul Giudicelli  Palmieri : ¿Corso o dominicano?

Paul Giudicelli debió estar sometido a turbulencias tremendas en su formación como hombre, como artista y como visionario de la realidad de su entorno. Ser descendiente de dos corsos y viviendo en Bateyes de San Pedro de Macorís no es algo que ayude mucho a formar en un joven una identidad nacional.

Hombre comiendo caña

Los corsos han tenido una historia algo parecida a la de los dominicanos. Es una gran isla, isla continente le llaman ellos mismos. Su identidad nacional la hacen contra la “invasión italiana” y Francia la somete, pero los isleños siempre son distintos. Córcega aún busca su identidad, sus artistas son la vanguardia en la búsqueda de esa identidad. De seguro que en la intimidad de la familia Giudicelli-Palmieri el ser corso era una presencia constante. Pero el joven Paul, de seguro hipersensible y contestatario, vivía en otra realidad paralela: la búsqueda de la identidad dominicana. Ser dominicano implicaba e implica los valores trinitarios, a saber, valores hispanos, catolicismo y libertad; pero también, aunque no fuesen valores trinitarios, están la herencia taína y la presencia predominante de África en las pieles.

Con ese bagaje, más la omnipresencia de Trujillo, tuvo que lidiar Paul Giudicelli, un hombre pequeño de estatura, típicamente corso, pero decidido a hacerse a sí mismo, basándose en el trabajo de una sensibilidad telúrica e insular, que encontró en los motivos taínos, locales y de libertad de expresión su gran instrumento de manifestación artística, convirtiéndolo en una fuerza de la naturaleza que expresó como muy pocos el Ser nacional dominicano, desde una visión universal de ese Ser. Porque la grandeza de la obra de Paul Giudicelli es la de ser original y local con una trascendencia universal, con un producto que se puede entender aquí, en Europa o en cualquier parte del mundo, según ha demostrado su proyección internacional posterior como artista de primera línea.

 

 

 

 

5 Responses to “Paul Giudicelli, una fuerza de la naturaleza.”

  1. Luna

    May 4th, 2013

    Uno de los grandes de la pintura dominicana.

  2. Raúl Sanjorge

    May 7th, 2013

    Ojalá hagan una gran retrospectiva de este genial artista, ya que el público amante del arte necesita ver obras de Giudicelli. Los coleccionistas deben entender que no sólo ellos tienen derecho a ver esas obras.

  3. Manuel Toribio

    Feb 2nd, 2014

    Porque a veces nos enajenamos voluntariamente, cuando la conveniencia de querer mostrarnos como los “top” del arte local, se nos olvida, que en Giudicelli, pesa nuestra deuda de la contemporaneidad del arte local, en una línea directa con la expresión tradicional sin subterfugio, ni suplantación identitaria del “ego” sobre la obra. Y creo que en este escrito se cuela de manera “presencial” y oportuna el papel del artista de cara a nuestra Identidad Nacional. Una Identidad que debería tener en nosotros, sus iniciativas como referentes y sus aportes como norte. En momentos en que vivimos una vehemente disputa con cierto dejo de titubeos y reafirmaciones nacionalistas a raíz del estallido de la “SENTENCIA”, la valía de Giudicelli (como las que bien pueden merecer otros artistas), debería ser en nosotros, estandartes esclarecedores de nuestros derroteros. Y si modelos de su talla, no reivindican nuestra orientación, pues mal por nosotros, entonces puede que sea posible entonar un réquiem confirmatorio de lo que somos y por donde andamos.

    Gracias Fernando por reavivar la icónica figura de este consolidado Maestro que a pesar de nuestros descuidos, se impone como perpetuo en nuestro arte e IDENTIDAD.

  4. carolina torrens

    Mar 9th, 2014

    guidicelli es parte de mi memoria desde niña, vi como trabajaba con sus manos su hermosa obra. este articulo me llena de recuerdos y me leva a recordarlo con cariño junto a su hija freeda.

  5. Susan

    Mar 3rd, 2017

    Hagan una exposición por favor

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