Escultura en el arte contemporáneo: El camino dominicano. Museo Fernando Peña Defilló

por el 28/10/17 at 4:34 pm

Escultura en el arte contemporáneo: El camino dominicano.

Por Fernando Casanova

Ponencia de Fernando Casanova en el conversatorio ¿Hacia dónde va la escultura dominicana? en el museo Fernando Peña Defilló. Organizado por Marianne de Tolentino y Alex Martínez. 

 

En la escultura dominicana, ya pasado el siglo XX, coexisten como siempre ha ocurrido, una corriente conservadora y una tendencia innovadora que a su vez se convierte en conservadora creando un bucle de tendencias y corrientes ad infinitum.

George Heinsen

Gaspar Mario Cruz

Las últimas tendencias o estilos son el arte contemporáneo y el post contemporáneo, en donde pueden reconocerse múltiples direcciones: la expresionista, la abstraccionismo, la medalaganaria o las que a su vez se expresan en formas geométricas puras, con influencias provenientes del cubismo. Pero si nos vamos un poco más atrás vemos que las tendencias actuales no son obras de reciente inspiración. Desde hace más de 100 años vemos obras más rompedoras, más epatantes que cualquiera de las que hoy pueden causar asombro por su supuesta novedad. La perspectiva originaria de belleza y arte no puede comprenderse plenamente si se contempla la belleza sólo con ojos modernos, como ha sucedido en diferentes épocas que han entendido que sólo su generación es quien tiene las llaves de las puertas del Arte. En nuestro tiempo, más que en cualquier otro, el significado de la palabra griega KALON, que se traduce como bello, tiene además el significado de “lo que gusta” “lo que suscita admiración y mirada”. Por esa traducción, por ese camino, anda más de lo debido la vanguardia artística de los últimos tiempos.

Gaspar Mario Cruz, Amantes. Madera y bronce.

Arte taíno. Cabeza tallada en piedra.

En gran parte del mundo la producción artística – tanto de obras como de público— ha estado en un proceso de redefinición, como casi todo en estos tiempos. En nuestro país las primeras muestras de que algo estaba pasando las podemos rastrear en la discusión que mantuvo Jaime Colson y Paul Giudicelli sobre arte moderno, así como la respuesta dirigida por Silvano Lora, hacia la organización de la Bienal Nacional, cuando organizó la ya legendaria “Bienal Marginal” del 1992 en unas casonas a punto de caer en el barrio Santa Bárbara y cuyo producto más conocido es los muñecos hechos de mufflers de carros que vemos en los talleres de nuestros barrios marginados y que sirven casi como Bacás, para espantar las cosas malas, al igual que los Bacás de la cultura afro-dominicana que tan bién ha representado Ada Balcácer, y que hoy, en esta exposición, podemos ver otra interpretación de Bacá con el título de “Guardián” hecho por Inés Tolentino.

Lo cierto es que a la escultura dominicana de hoy también le ha tocado el “hartismo” del público hacia la sobre-actuación del mundo del arte hiper comercializado. Un comienzo de rechazo hacia el supuesto complot que se ha venido gestando desde Duchamps estos últimos 100 años que ahora se denomina “contemporáneo VIP” (Video, instalaciones y performances). Pero lo que no se concibe es que en un concurso con fondos públicos, como es la Bienal Nacional se declare “Desierto” el premio a la escultura. Si algo necesitaban los estudiantes de arte para no dedicarse a la escultura es algo como ese gesto de la Bienal. Una puñalada trasera de la peor calaña.

Said Musa, Cabras locas. Bronce

Da la impresión que somos víctimas de la imposición neo colonial de Art Basel y Charles Saatchi, y que todos nos hemos rendido ante un mercado del arte cada vez más ruidoso y frívolo que artístico. Parece que estamos en un momento en que la obra de arte es la justificación de algo que no lo es. La “conceptualización” como la obra en sí, en el que la artesanía está en el argumento conceptual que se da para que algo se convierta en arte contemporáneo. Sin embargo, la escultura es como las buenas películas; que no necesitan de efectos especiales.

Salvador Vassallo

Manolo Pascual

El bulto siempre es malo. La gran diferencia técnica entre la escultura y la pintura se basa justamente en este principio; en la primera lo que debe hacerse para obtener la figura deseada es “quitar”, mientras que para producir una imagen en un lienzo lo que debe hacerse es “añadir”, pero añadir en justa medida. Hoy el cambalache es la norma; pintura, cerámica, escultura, desechos, música y personas desnudas como zombies son el coctel representativo del espectáculo que nos ofrece la contemporaneidad. El conseguir “una obra” por casualidad es la meta; pero las “chepas” son muy raras en arte, en éste más vale oficio y horas de trabajo que meter todo lo que se encuentre y luego aplicar diccionario de términos artísticos contemporáneo.

“Eight snake”, Guadalupe Casasnovas

Patutus, Ultima Cena

Patutus, La Cena

El ambiente artístico siempre ha estado lleno de disidencias y conservadores; es una constante y es bueno que así sea. Este es un hecho del que todos tenemos algo de responsabilidad: porque no se puede esperar que sean los artistas quienes estén a cargo de educar, ni el público debería de pretender que el arte es algo que se aprende como se respira el aire, sin hacer el menor esfuerzo intelectual. Pero haciendo a un lado a estos hechos, se da el fenómeno que una de las razones por la que ocurren ciertas cosas en el arte hoy en día se debe a que se interpretan no de forma racional o crítica sino como si fuera un debate entre teologías. Muchos artistas asocian, como obligatorio, que hacer arte contemporáneo incluye que sus espectadores también sean pro-aborto, pro-gay y de izquierdas light; y el público ha entendido el mensaje. De ahí la parcelación de opiniones y gestos hacia el arte contemporáneo y en especial a la escultura, las instalaciones o las apropiaciones. Ese posicionamiento ideológico ha llevado a una fractura importante en lo que se creía sobre la escultura. De un lado los que consideran que el arte, y en especial la escultura, tiene unos patrones, unos códigos de obligados cumplimiento; materiales nobles, trabajo artesanal de muchas horas, creatividad y piezas con vocación de perennidad. Por el otro lado está el realismo social, con manual de conceptualización incluido junto a la obra, con materiales encontrados muchas veces en basureros y, sobre todo, mucho ruido visual; una forma de ejercicio intelectual que señala o despliega los atractivos intelectuales o estéticos de un detalle marginal de algo que aparece como anómalo en el contexto de un objeto, persona o situación social. Pero como todo, están los que han sabido ver lo mejor de los dos mundos. Son los que están haciendo un trabajo basado en una sólida formación académica, en una cultura general amplia y en no dejarse avasallar por la presión del medio artístico que les obliga a tomar una posición por una u otra tendencia.

Damien Hirst. La imposibilidad física de la muerte de un ser viviente 1991.

La actividad económica de los artistas.

Una investigación en España recogió los testimonios de 1.100 creadores, de todas las edad y el paisaje que describe es desolador: “Más del 45% de los artistas afirma que sus ingresos totales anuales, ya sea por actividades artísticas o de otra índole, se sitúa por debajo de los 8.000 euros anuales, es decir, por debajo del salario mínimo interprofesional en España. De esos ingresos, los que proceden del arte llegan sólo al 20%”. Esto es en un país del llamado primer mundo, imagínense lo que pasa en RD. En adición a eso, los artistas tienen que competir entre ellos por reconocimientos que, en la mayoría de las ocasiones, son simbólicos y que no suelen sacarles de su pobreza. Ganar un concurso no va más allá de salir en un periódico en las páginas de farándula el día de la premiación, y a veces ni eso. Aunque me toca personalmente, creo que la Fundación Diario Libre ha tratado de romper con eso y su premiación da una amplia cobertura a todos los seleccionados y, una especial a los ganadores. Mucho del concepto de esa premiación se lo debemos a Fernando Peña Defilló, quien fue el primer consultado sobre cómo deberíamos enfocar el concurso. Catalogo Otra dimension

Fuente. Marcel Duchamp 1917

En las exposiciones que vemos regularmente no está representando el escultor emergente, el que tiene los problemas que acabo de mencionar; más bien son artistas de clase media y clase media alta y, casi estoy seguro que 50+ de edad, que no saben lo que es no poder pagar la luz o el alquiler de un cuartucho trasero donde trabaja y vive. Un escultor lleva las de perder en el contexto en que se desenvuelve el arte en RD. Contrario al pintor de caballete o al dibujante callejero, un escultor necesita herramientas y materiales caros y delicados. Y ante una sociedad que hace cada vez más difícil conseguir trabajo, dinero, el camino del escultor dominicano se ve cada día más estrecho, pedregoso e inseguro. Otra traba importante es el tipo de coleccionista dominicano, los grandes, los medianos y los pequeños: todos prefieren pintura al óleo, como poco se conforman con pintura acrílica o con un dibujo con algo de color para poder exhibir en sus salones o para tener algo con salida rápida cuando tenga que revender.

Inés Tolentino,”El Reino de este mundo”

En definitiva, la escultura es como las buenas películas; que no necesitan de efectos especiales. Es un producto que ha de ser mercadeable, por obra de audaces oportunistas del mercado, aunque haya dejado de ser un “bien superior” todavía es vendible.

Y ante todo este panorama, están los críticos y jueces de concursos que ante el miedo de disgustar a la autoridad competente, al artista, al museo, a la galería, al jefe, o al amigo del jefe se lanzan casi en exclusiva hacia lo que está de moda. Así mismo andan los textos de los críticos de arte, que oscilan entre la erudición escolástica, la miopía crónica y esa intención de decir mucho, o al menos algo, pero a base de citas, referencias, comparaciones… el resultado suele ser un galimatías sólo apto para incondicionales.

Mientras se aclara el panorama en escultura y en toda las demás disciplinas del arte contemporáneo tendremos que aguantar mucha, pero mucha irrelevancia haciendo ruido visual.

 

 

 

 

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