Tres de La Zona que ya no están: Goico, Leo y Ney

por el 31/10/18 at 10:41 am

Tres de La Zona que ya no están. Goico, Leo y Ney.

                                                                                                         Por Fernando Casanova y Llaca

 

 

 

Los tres habían encontrado refugio en la Ciudad Colonial, esa parte de la ciudad que todavía se pasea a escala humana y en la que los frágiles encuentran siempre un rincón donde vivir y un vecino amable. Carlos Goico, Leonardo Sanz y Ney DiazH.

Leonardo Sanz

Carlos Goico

A la causa práctica y razonable de un evento hay que agregarle también la intervención de los dioses, que por lo general subvierten el efecto natural de las cosas “para cumplir los designios de la divinidad”, por eso nos

Ney Dìaz Henríquez, foto sacada de su página de Facebook.

dejan dudas y preguntas sobre la vida y la muerte o la fatalidad de los hechos.

La muerte prematura de Carlos Goico, Leonardo Sanz y Ney Henríquez la podemos ver ahora en conjunto como la ruptura abrupta de una generación buenísima pero condenada a la tragedia. Los tres estaban haciendo un trabajo innovador, con  experimentos estilísticos muy avanzados, y que sin temor ni complejos marchaban sus propios caminos produciendo belleza. Tres artistas que hoy, tempranamente, ocupan y estercolan nuestra tierra. Tenían en común el arte y la ciudad colonial de Santo Domingo. Se conocían, Leo y Ney eran muy amigos, y los tres pintaban con influencias y temas distintos. Tres heridas en nuestros corazones y conciencias, pero también tres victorias para el arte dominicano.

 

LEONARDO SANZ

Leonardo Sanz

Leonardo Sanz desarrolló un estilo pictórico expresivo y colorista sin aparente vinculación con la tradición pictórica dominicana, y más cercano a autores como Marc Chagall por la elección de colores y personajes en situaciones inverosímiles. En sus trabajos se pueden ver elementos de la vanguardia cubista, del fauvismo y del orfismo con los que creó un estilo personal inclasificable. Representaciones de la vida en ámbitos cerrados, en bares o en habitaciones de lujuria. Leonardo Sanz se adentró en su mundo de iconos característicamente modernos de personajes y escenas urbanas que fueron fuentes de su inspiración y su colorido resplandeciente.

Leonardo Sanz

Leonardo Sanz

Con una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos visuales desde otro punto de vista. Leonardo Sanz se ajusta a una definición de este tipo, pero sus contemporáneos, su medio y su país pocas veces ofrecen ese paquete y algo más en un artista. Creo que en el caso de Leo Sanz, a pesar de sus pocas exposiciones, coincide la apreciación u opinión del público sobre sus obras con la opinión del mismo artista sobre si mismo: es un artista que está presentando algo nuevo. Una forma y fondo distintos a como nos han acostumbrado. Y él lo sabe. “El cuarto de la lujuria” y “No ocurre a menudo” son dos exposiciones muy cercanas una de la otra, y ello se debe al interés que ha despertado la producción de Sanz. Un interés que va en aumento a medida que él va develando nuevas imágenes de un mundo muy propio. Los personajes surrealistas que Leonardo Sanz nos muestra hasta sus huesos y estómagos, son personajes que pertenecen un mundo muy cercano a la kafkiana metamorfosis o al infierno, purgatorio y paraíso del Jardín de las delicias de Botticelli. El mundo Sanz es un mundo donde cohabitan bichos, parejas, casas con cuartos sinuosos que predisponen a las licencias carnales y mentales. Un mundo con una paleta básica de rojos, negros y amarillos, en donde es fácil quedar atrapado. Es un artista realmente original. Nada se parece a lo que él pinta, es reconocible por sus extraños juegos de colores, formas e ideas. Porque en una primera mirada parece una obra amable, colorida y juguetona. No se engañe, no son dibujos para niños. Y Así es, estamos ante algo nuevo que presagia algo sólido y firme en el mundo artístico dominicano.

 

CARLOS GOICO

Carlos Goico

Carlos Goico. Singular y solitario, sólo se sumaba a otros para compartir un cigarrillo, un trago de ron, o para ofertar su trabajo a precio de un café con leche en La Cafetera de la calle El Conde. Nunca buscó deliberadamente las transgresiones, él era así. La suya fue una aventura personal basada en un principio: Pintar lo que no se ve, para vivir, mientras llega la muerte. Sus personajes son de fisonomía cortada, casi idos del cuadro, casi buscándolo a él, porque siempre andaba en otro mundo. Sus escenas no se ven, rondaban en el ambiente que se creaba cuando te ofrecía su último trabajo, y entonces la situación se convertía en un momento surrealista atroz. Era la belleza de la obra ofertada, la miseria física desdentada que te sonreía esperando unas monedas, pero a quien sentías tan manso, tan tierno y, tan lejos.

Paisaje de verano

Payaso de oro con los ojos maquillados.

Su paleta siempre fue feliz, acertada en cada matiz, y le interesaba más el arte que la cultura. Los soportes de sus obras, casi siempre desastrosos. Papeles de muy mala calidad, cartulinas empapadas en café, o en sábanas robadas en moteles de mala muerte. Esa precariedad en los soportes hace que quienes posean sus obras deban reentelarlas o protegerlas de alguna forma. En mi caso, perdí definitivamente la “Catedral con cúpula” y ni siquiera una foto le hice, pero permanece en mi recuerdo, en los de Inés, en los de mi casa y en éstas líneas. Cada divinidad crea a su imagen y semejanza ¿cuál divinidad habrá creado a Goico?

Inés Aizpún escribió el día de su muerte que “Carlos Alberto Goico tuvo una vida difícil. Dura. Artista de extrema fragilidad personal, había sufrido la terrible impresión de ver morir a su madre, doña Gina, atropellada en un accidente de tránsito. Todo cambió desde entonces. Un amigo que le quería desde la infancia, le regaló recientemente el tomo de la colección de Danilo de los Santos en el que éste cataloga a Alberto Goico como “Una individualidad marcada por el infortunio… poseedor de una calidad enigmática…” Se sintió absolutamente feliz. Que su trabajo fuera recogido en esta obra era un reconocimiento importante en una carrera artística llena de altibajos y dificultades personales. Alberto veía los colores que los demás no vemos. Pintaba desde el alma y la imaginación.

Goico, Fiesta cromática.

 

NEY DIAZH

Ney DiazH

Una vida corta y una corta producción artística; pero ya es un icono de la bohemia de La Zona. Ney Díaz Henríquez, Ney DiazH como firmaba sus cuadros. Era un ser casi inmaterial. Su pensamiento y sensibilidad se escapaban a su pesar, dejándolo muchas veces a merced de cualquier miembro de los cuerpos del orden institucionales, o sea, a merced de una realidad horrible.

Decía Rimbaud que el artista debe hacerse vidente a través de un razonado desarreglo de los sentidos, para registrar lo inefable y para ello «es precisa una alquimia verbal que, nacida de una alucinación de los sentidos, se exprese como alucinación de las palabras»; y que «esas invenciones verbales tendrán el poder de cambiar la vida».

Serie “El Minotauro” 30×40 canvas/acrílico.

La obra pictórica de Ney es una especie de expresionismo dramático. Que nos hace cercanos a la angustia por vivir en tiempo y lugar equivocados. Hombres de saco y corbata con caras de perros o rostros macilentos sin mucha definición de rasgos. Obras enérgicas, de gran dramatismo, de contornos muy marcados, muy propio del expresionismo. Colorido fuerte y cierta violencia contenida.

Ney DiazH

El Uso indistinto de casi todos los colores, y una ligera predilección por los tonos rosados y por el negro hacen de su paleta una fuente donde iba a beber sin muchos miramientos. Es imposible no tener presente a Max Beckmann y a Francis Bacon cuando miramos las obras de Ney DíazH. Pero vemos que su voz es una voz propia porque su estilo de vida y sus ideas tenían que llegar a ese tipo de dibujos y de composición pictórica, todo era audacia en andar en el arte. Desde performance caseros hasta sus pintorescos vestuarios con botas militares incluidas.

 

 

 

 

LOS TRES DE LA ZONA

Carlos Alberto Goico.

Leo Sanz y Ney DiazH, en La Zona.

Los tres crearon mundos propios en el cual no había que pedir explicaciones, sino ver, para entender; porque con ellos nació una iconografía personal nueva. Con ellos hay que dejar de buscar explicaciones como si se buscara algo con las mismas palabras de siempre. Ellos pintaron lo que había que decirse según sus propias reglas, y para esa nueva iconografía no había todavía palabras. Hay cosas que no son palabras, sino sustancia poblada de ángeles o espíritus. Con ellos hay que mirar, porque lo que no se mira no se encontrará salvo que enciendas una luz nueva, que cierres los ojos y abras el corazón; ya que lo esencial es invisible a los ojos según Saint Exupery. En estos artistas no hay derrota ni frustración en sus obras, aunque el devenir de sus vidas haya tratado de que fuera así, con una experiencia urbana aterradora. Superaron las desgracias a través de sus obras, que les harán permanecer en la historia del arte dominicano, porque se han negado a morir aquí y ahora. Y están aquí y ahora, como escribió René del Risco “Estamos nuevamente en la ciudad, en las provincias, leyendo los periódicos, seleccionando perfumes y corbatas, gesticulando festivamente
como pequeñoburgueses…”.

 

Deja un comentario