2 “El no retorno” de Cecilia Paredes. Por Mónica Sánchez | Arte Libre

“El no retorno” de Cecilia Paredes. Por Mónica Sánchez

por el 06/03/21 at 5:55 pm

CECILIA PAREDES: ​EL NO RETORNO.

Por Mónica Sánchez López.

Nocturne (2009)

Los intereses y las obras de Cecilia Paredes (Lima, 1950) giran en torno al sentimiento humano, entendido con una gran cercanía y ternura. Aprovechando los desechos, naturales y humanos, la artista recoge las pequeñas historias que en ellos puedan encontrarse creando sus instalaciones, adecuadamente explicadas en la exposición de ​El no retorno ​en el Museo de la Universidad de Navarra,​ ​a la que se puede acceder gratuitamente de forma on-line.

Dafne (2016)

Plagada de sensibilidad, y con referencias en la mitología, Cecilia Paredes también se transforma a sí misma con una combinación de performance y fotografía, mostrándose en formas vivas que absorben al espectador y le invitan a explorar sus facetas más íntimas de miedo, de conexión con lo natural y lo animal, que acaba por convertirse en una parte inseparable del cuerpo de la artista. ​Cada obra de Cecilia Paredes tiene una historia detrás, una historia personal que no teme compartir, la cual llena de sentidos sus obras y que es explicada en los textos de pared de la exposición. Algo en este caso muy necesario, puesto que nos ayuda a comprender los significados de la obra de esta artista, tremendamente directos y específicos, aunque inevitablemente tengan también partes interpretables, como toda obra, que al final se emancipa de las intenciones del creador y se nutre de nuevas lecturas.

Deseo (2018)

Con su obra, Cecilia Paredes humaniza al espectador, despierta una búsqueda interior individual, y a la vez conectada con una dimensión universal: su arte funciona como una suerte de rezo o baile primitivo colectivo que conecta con lo más primario, lo más esencial y, en ocasiones, lo más ignorado de nuestra propia naturaleza. Esto queda reforzado al emplearse el lenguaje de la fotoperformance o prácticas cercanas al ​body art​, aunque no encaje exactamente en esta modalidad. La propia artista participa de su obra, se muestra de lleno en ella, obligando al espectador a colaborar, a escuchar a esa voz honesta y cercana que te remueve y te empuja naturalmente a abrir los ojos ante necesidades internas y ante problemas de comunidades hispanoamericanas como la emigración, o los problemas específicos de la mujer, porque esa creación de una especie de gran ser colectivo te incluye. Cecilia Paredes es una de esas voces refrescantes y necesarias, perteneciente a un colectivo históricamente ignorado dentro del sistema del arte, que las nuevas estrategias de comisariado ahora deben rescatar e impulsar.

The rivera within (2016)

En estas obras de foto performance, la artista puede mostrarse metamorfoseada con formas de animales como ​Armadillo (2001) donde, según la propia artista, busca conectarse con animales marginales, con aquellos que se alejan de los humanos. A la vez, podemos observar a la artista observándonos como una extraña energía, completamente integrada en los elementos naturales y paisajísticos de sus performance, como sucede en ​Nocturne ​(2009), en la que los ojos se suman al conjunto como flores inquietantes. En sus foto performance más avanzadas, como​ The river within  (​2016) o ​Ladorsal (​2014), elfondo desaparece y todas las formas se centran en el cuerpo o sobre telas que cubren a la propia artista, que ya ha convertido sus objetos artísticos en parte de sí misma.

Armadillo (2001

El no retorno ​(2018) se erige como obra central de la exposición, a la que le da nombre. Se muestra como una gran espina dorsal, como el esqueleto de una ballena, como otra de las criaturas animales que plagan la obra de Cecilia Paredes. La obra hace referencia a un tema fundamental en la obra y la vida de la artista: la emigración, la pérdida forzada de la tierra propia y la sensación de desamparo y naufragio que esto provoca, un tema que puede leerse en otras obras como​Dafne (2016). Esta búsqueda de denuncia expresada con belleza, como una muestra de historias devastadoras dulcemente narradas, se aprecia también en otras obras como ​Quetzalcoatl ​(2015). Se trata de un imponente y amenazador (con un negro absorbente que vemos también en varias fotografías de la artista) manto de plumas como tributo a los estudiantes desaparecidos en México en 2014, donde también se hace referencia a la mitología mesoamericana.

La Dorsal (2014)

 

 

En general, las instalaciones de Cecilia Paredes buscan narrar las historias de la vida, con una búsqueda de restos, de fragmentos olvidados, que nos recuerdan, tal y como se señala en la propia exposición, a ​Les glaneurs et la glaneuse ​(2000) de Agnès Varda, artista con la que Cecilia Paredes comparte su visión de la cotidianidad como tema extraordinario e intrínsecamente artístico. Esta acción de recoger no sólo los objetos, sino las historias y voces de las personas, se refleja por ejemplo en ​Deseos ​(2018), donde unió los rezos de los feligreses de una iglesia de Lima, convirtiéndolos en una especie de canto colectivo que reincide en los temores y las fragilidades que nos unen como seres humanos.

Mónica Sánchez López

Mónica Sánchez.

 

 

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